martes 10 de noviembre de 2009

PRIMER COLOQUIO DE ESTUDIANTES DE LITERATURA CAELIT UNFV 2009


La universidad se concibe como espacio de diálogo e investigación académica. Es por ello que los coloquios constituyen una actividad importante de los estudiantes para proponer nuevas perspectivas acerca de su campo de estudio. En este sentido, la Escuela de literatura y lingüística de la Universidad Nacional Federico Villarreal en conjunto con sus alumnos organiza el Primer coloquio anual de estudiantes de literatura (CAELIT UNFV 2009) que se llevará a cabo los días 11, 12 y 13 de noviembre desde las 9am hasta las 7pm en la Sala de grados ‘’Antenor Orrego’’ ubicada en el local central de la avenida Nicolás de Piérola 351 (ex Colmena). El evento contará con la participación de alumnos y docentes de esta casa de estudios; así como de renombrados investigadores y escritores invitados. Cabe destacar la presencia de Jorge Pimentel, Enrique Verástegui, Eloy Jáuregui, Rodolfo Hinostroza, Arturo Corcuera, Oswaldo Reynoso, Carlos Calderón Fajardo, Julián Pérez Huarancca, José Güich, Carlos García Bedoya, Gonzalo Espino, Dorian Espezúa, Dimas Arrieta, Gabriela Falconí, José Miguel Vásconez, Jaime Vargas Luna, Marcel Velásquez, Irene Cabrejos, entre otros. Paralelamente al evento, se realzará la Primera Feria del libro CAELIT UNFV 2009 que contará con la presencia de diversas editoriales del medio con lo más reciente de sus publicaciones. El ingreso es libre. Se dará certificación a los asistentes.

miércoles 5 de agosto de 2009

Ella baila sola


El deseo es lo que acompaña los seres humanos a un mundo menos pesimista, en el que algunos preferimos embarcarnos; claro que si éste no se cumple todo puede convertirse en frustraciones.

He conocido a Diana como un deseo, como el deseo de Gino. Esta vez el deseo se alcanzó; ellos se quisieron, se amaron, corrieron de prisa, pararon a beber agua, se comportaron millares de veces como púgiles en la cama (y de más lugares), hasta que se cansaron y acabó el deseo.

En un tormentoso año nuevo en Punta Hermosa algunos beben, otros reflexionan lejos del grupo; yo me aburro y me siento alejado de todos y pongo cara de pensativo y nostálgico con la esperanza de que nadie se me acerque a hablarme de sus proyectos del venidero año, pero como en la mayor parte de mi vida, fallo. Se sienta a mi lado Diana y mirando al mar mientras extiende su mano para llevar a su boca una botella de cerveza, para beberla con una pesadumbre que le es totalmente natural, me dice de repente _Sabes siempre soñé con ser una ruca; _¿perdón?, respondo con una pregunta pues nunca pensé que una mujer anhelara algo así. _Es la verdad, pero no de ésas que se venden en las calles, yo quiero ser de las que se regalan… pero no sé como conseguirlo. Al verme muy confundido y con el cigarro colgando de la boca, ella parece disfrutarlo y ríe ligeramente.

Cuando estaba en colegio mi mejor amiga y yo nos prometimos convertirnos en las rucas más ruconas de toda la secundaria. Todo había sido planeado de una manera excelente, nuestras primeras víctimas serían Pedro, que era el primo de mi amiga, que obviamente sería mío; y José un Ayacuchano con fama de borracho y asiduo visitante de burdeles, para ella. Todo estaba orquestado para el día viernes que tendríamos educación física. El día anterior salimos a comprar los calzones más pequeños que encontramos y unas pantalonetas muy apretadas. Después iríamos a mi casa, donde no debía encontrarse nadie, para hacer una maqueta, aunque realmente el objetivo era terminar haciendo otra cosa. Yo me sentía muy segura, para ser sincera yo era la que le había propuesto todo a mi amiga; Jorge no me mires así, por favor. Reacciono y me doy cuenta que los lentes se me resbalan lentamente en la nariz y el cigarro que cuelga de mi boca porta una larga fila de cenizas. No te estoy juzgando sólo estoy un poco sorprendido, pero dime ¿qué pasó?. Bueno… la verdad que la idea de los calzones y de quienes serían nuestras víctimas, ya lo había planeado, sólo faltaba convencerla a ella, que a decir verdad fue más fácil de lo que pensé, demasiado fácil ahora que lo pienso bien. Mi decisión a cometer tal fechoría era rotunda, hasta el viernes en la mañana. Me levanté y me duché muy excitada por la idea; y tallando delicada y deliciosamente mis piernas y muslos esperaba ansiosa que llegara el momento para ser una verdadera ruca. Al salir y encontrarme frente al diminuto calzón sentí como si los huesos se me congelaran y mis manos endurecieran al punto de no poder abrirlas. Me paré aproximadamente quince minutos frente a la prenda y por alguna extraña razón no podía colocármela. Todo lo que había planeado empezaba a estropearse por mi incapacidad de ser una puta, por ser una estúpida cucufata. No logré ponérmela, solo conseguí usar la pantaloneta. Al llegar al colegio anduvimos todo el tiempo que pudimos con nuestras presas. Llegó el momento de educación física y nos sacamos el buzo y quedamos en pantaletas. Debo admitir con vergüenza y placer, que capturamos la atención no sólo de ellos dos, sino la de todo el salón y hasta la del profesor que se hacía el huevón cuando lo mirábamos. Escogimos a ellos apara hacer los estiramientos. Me tendí en el piso mientras Pedro levantaba suave y tímidamente mi pierna, y la empujaba con su hombro hacia delante. Él sudaba mientras mantenía su vista fija en mis entrepiernas, en ese momento pensaba en la estúpida idea que había concebido y lo más estúpida que era yo para llevarla acabo y haber metido a mi mejor amiga en esto, que imagina debía estar pasándola muy mal. Volteé para mirarla y me encontré con que ella estaba sumergida en miras arrechantes con José, los dos se sonreían mutuamente, como provocándose y disputándose el dominio de la situación. Ella sabía como ser una ruca. De pronto sentí una caricia muy ligera en mi rodilla. Era Pedro que ya se encontraba muy entusiasta, como si supiera todo lo planeado. Para mí, la situación era escalofriante y no podía idear nada para que dejara de jugar con sus dedos sobre mi rodilla. Hasta que recibió una bofetada en la nuca por parte del profesor que le dijo amenazadoramente, pero con suavidad: “no seas pendejo Pedrito”.

El regreso a casa fue más tormentoso. José y mi amiga conversaron como si los uniera una cantidad de años y al mismo tiempo los separara otra, mientras tanto, Pedro entró en lo que al parecer fue un monólogo pues yo no dejaba de pensar en que como me lo iba a tirar con todo el temor que me asaltaba; entonces al desviar la mirada en la banca de un parque veo a dos amantes que se abrazan y devoran con agresividad sus bocas, él le toca el culo y la palmotea, ella responde con un ademán de excitación y aprieta el cuello de la camisa del muchacho. Entonces detienen todo, se miran tiernamente, ambos saben que se desean, se paran, ahora ella meta la mano en bolsillo trasero de se muchacho y él la toma de la cintura y se van a continuar el ritual. José y mi amiga caminan abrazados, Pedro sólo camina y yo sólo sufro por no poder ser una ruca. Entramos a mi casa, como si todo me pidiera que esa tarde me entregará al deseo que aprieta mis venas, que no es el sexo, sólo el de ser una ruca. El único en casa es Pablo, mi hermano mayor, ése sí es un ruco. El parece saber todo y no nos detiene, sonríe con picardía y anuncia su retirada bromeando sobre la soledad de la casa, y para sentenciar el momento le regala un preservativo a José y otro para Pedro. Y yo sigo muriendo. Con una voz cómplice y una mi rada pícara mi amiga pregunta a José si sabe cómo usarlo. Resuelto responde con una pregunta ¿si no, me enseñas?. Ambos de la mano corren rumbo al baño, presiento que es un augurio de la cagada de mi situación. Solos en la sala con Pedro, siento el silencio que se revienta en mi cara. Bueno y ahora qué hacemos, me pregunta. A lo que vinimos. Y se acerca a sujetarme de la cintura y grito ¡la maqueta!. Ésa no la sé. Me refiero a la maqueta que tenemos que hacer. Mientras hacíamos las maquetas sentía la mirada de odio de Pedro, que en el silencio se intensificaba y los golpes en la puerta del baño y algunos gemidos que se escuchaban hacían parecer que el desprecio de Pedro crecía acompañado de frustración.

¿Entonces la única que cumplió el objetivo de ruca es tu amiga?. Sí, y de qué manera. Ese año se acostó con cuatro compañeros más y el pendejo del profesor de ecuación física.

Entonces ahí acabo tu intento. No. Mucho después decidí retomar el proyecto, pero esta vez con otra persona, porque mi amiga estaba embarazada y, en fin… esta vez Claudia, mi prima, sería mi acompañante. Estábamos otra vez en mi casa a solas, con dos amigos. Luis y Raúl. Claudia ya estaba borracha y sobre Luis que ostentaba con orgullo y petulancia la blusa de ella sobre su cabeza. Raúl intento besarme, debo admitir que esta vez si lo deseaba, quería sentirlo entre mis piernas y saber que podía ser una ruca, una mujer que ama el sexo y no a sus amantes. Cogimos la botella de pisco y nos metimos al cuarto de Pablo, sé que no lo interesaría que lo haga en su cama, es más hablaría de la historia familiar de ese colchón a sus nietos y los obligaría a tirar ahí, algo así como un escudo familiar. Entramos nos acostamos y me tomó en sus brazos y parecía no querer soltarme, me mordió los labios con lujuria y metió su mano en mi sostén. Entonces otra vez sentí el silencio estrellarse en mi rostro y oí otra vez golpes en la puerta del baño, que excitaban más a Raúl. Cómo escapar de ahí, cómo no ser poseída, cómo mantener incólume mis entrepiernas y evitar el bermejo color del despiadado placer. Ya no habían maquetas, ya no había un niño de diecisiete años a quién controlar con el golpe de un profesor. Entonces corrí como si de ello dependiera no morir empalada en las manos de Colo colo. Entré en mi cuarto y cerré la puerta con cerrojo para asegurarme de que Raúl no entraría. Con rabia y frustración por haber dejado pasar otra oportunidad de ser una ruca, me miré en el espejo grande de mi habitación donde puedo verme por completa. Siguen los golpes en la puerta del baño, a los que se unen los golpes de mi puerta y las súplicas en forma de letanía de Raúl. Enciendo la radio y me encuentro con Everything I Do. Y sólo tengo ganas de bailar. Lo hago sola, nadie me está mirando sólo yo, frente al espejo, entonces veo mis cabellos que me llegan casi hasta el final de la espalda, soy delgada, tengo una bonita figura y sigo bailando. Me saco la blusa y me doy cuenta que Raúl logro abrir mi sostén, me lo quito y veo mis propios senos. No puedo dejar de excitarme con la música, con mi cuerpo, con mi reflejo que se mueve delicada y pretensiosamente, me desabotono el pantalón y lo dejo caer. Ahora mi reflejo y yo bailamos juntas. ¿Sabes?, se nos ve muy bien a ambas. Acaricio mis piernas hasta llegar a mis rodillas y pienso en Pedro, en lo que pudo haber sido si yo pudiera ser una ruca, si tan sólo pudiera serlo aunque sea una vez, quiero ser como mi amiga y tirarme un profesor, como Pablo y acostarme con cualquiera, como mi prima, embriagarme y ser la dama de muchos, de demasiados, pero sólo por una noche. Cojo mis senos con una mano y contemplo la redondez que poseen y me regocijo de su firmeza. No aguanto y mi calzón ya esta en el piso, lo recojo y pienso en el que alguna vez compre y no paro de bailar. Siento lo plano de mi vientre y me detengo a deslumbrarme con mi ombligo, es pequeño, de una medida perfecta para mi pequeño vientre, que es firme, pero suave a la vez, no puedo dejar de deslumbrarme con mi cuerpo y como reacciona inmediatamente con ligereza sobre la música. Ahora bajo un poco más y llego hasta… Jorge ¿Qué pasa? Bebes muy rápido y sudas ¿estás bien?. Sí, sólo un poco entusiasmado por la llegada de un nuevo año y todo lo que implica ello.

¡Miren eso! Se escucha entre risotadas. Era Gino que salía desnudo del mar y completamente borracho. Caía tendido en el suelo. Diana corre a buscarlo y lo trae hacia mí. Lo tapa con una toalla y alguien prende una radio y tocan Everything I Do. Ella mira a los demás y ve que algunos bailan y corre hacia ellos, pero guarda aun su distancia, y se mueve suavemente, conoce la canción y su cabello, que ahora llega hasta más por de bajo de sus muslos se mueve con una violencia enternecedora; su rostro ríe, pero no deja reflejar amargura, rabia; frustración pues ella no puede ser ruca, únicamente, ella baila sola.

viernes 31 de julio de 2009

Confidencias de una dama a un sol


Siempre he sido el tipo con “cara de buena gente”, el “inocente”, en otras palabras “el gordito con cara de huevón”. Lo que me condenó a ser receptor de una serie de historias muy personales por parte de mis amigos, lo cual no fue tan malo, pero en algún momento, el cual no recuerdo con exactitud, empeoró. Gente que recién conocía, y hablo de no más de una hora, empezaban a contarme su vida por entero, lo cual nunca entendí pues qué les hacía pensar que a mí me podía interesar. Entonces esto llegó a convertirse en una desgracia, pero de las más desgraciadas.

En la Colmena, entre la plaza San Martín y la avenida Tacna, se encuentra uno de los muy populares “a sol la barra” llamado Miami Beach, ahí me encuentro con algunos amigos, tomando unos tragos mientras las desnudistas de elefantiásicas medidas comienzan a contonearse alrededor de un tubo, mientras de la destartalada cabina el Dj tocar i don't want miss a thing para acompañar los bruscos movimientos de las bailarinas. Debo confesar con sinceridad que no me gustan esos lugares, no me gusta la mentira de la seducción a una puta que tienes que enamorar primero para luego proceder al coito, por el cual cobrará lo acordado; pero uno de mis amigos es hijo del dueño de este local, lo cual significa alcohol gratis toda la noche.

Entre una bailarina semicalata, 4 cervezas y una botella de vino, decido expulsar todo el sopor contenido y anuncio mi despedida. Nadie me hace caso, menos el chino Roberto que no deja de grabar el calenturiento espectáculo en su celular, pero Carlos, o también gallina, decide irse conmigo, lo cual me sorprende pues el suele disfrutar de tremendo lugar como es el Miami. Temeroso me dice mientras esquivamos dos travestis muy fornidos _La verdad es que aún no me quiero ir…habla nos tomamos unos tragos por ahí. La idea se presenta interesante y le propongo el Yakana en Jirón de la unión, el accede, pero no se ve entusiasmado. Llegamos y paga mi entrada y pide dos cervezas. Hablamos poco, acabamos nuestros últimos vasos y emprendemos una retirada sin conseguir más que un número falso de una linda chica de nombre María, si es que es el verdadero nombre.

Entre el silencio de nuestra caminata, veo dibujada una expresión de tensión en la cara de Carlos y trato de hablar con él para ver si puedo llegar a saber lo que le sucede _Gallina, qué pasa te noto abrumado, y sin mirarme detiene el paso, sonríe y me dice: _Sabes qué, te invito otra chela, pero esta vez yo te llevo. Meto mi mano al bolsillo y me doy cuenta que sólo cargo con un sol, recapacito rápidamente sobre mi situación y entiendo que la única forma de regresar hasta Barranco es con la ayuda de Carlos, así que inevitablemente accedo a su propuesta. De pronto me veo en Calloma parado en la puerta de de un local atiborrado abigarradamente con luces de neón, entramos y en el primer piso hay una taquilla donde nos venden la entrada, que no es más que un talonario de rifa, y entonces por las escaleras subimos al segundo piso donde todo tomaba forma.

En un pequeño espacio en forma de escenario a solo unos centímetros del piso se levanta el glorioso y bizarro tubo que caracteriza estos lugares, por detrás una cortina hecha a base de tiras de chapitas de cerveza se abre para dar lugar a la salida una bailarina, ella tiene el cabello liso, largo, negro y escarchado; su figura es peculiar a las demás danzantes, ella es esbelta, sus senos parecen ser dibujados por un arquitecto, estos muestra una redondez digna de la envidia del propio Botero y una piel canela que es adornada por unos llamativos ojos azules, que le debe haber costado muchas volteretas en ese tubo que hace que hasta los diáconos babeen de arrechura.

Me quedo prendido de ella y observo como lentamente va despojándose de su disfraz de enferma –fantasía tonta pues si recapacitamos la mayoría de enfermeras son viejas, feas y gordas, por lo menos yo nunca me encontré una enfermera real que pareciera pornostar- al ritmo de can you feel the love tonight, y por primera vez me siento atraído por una mujer así. De pronto una voz aguardentosa dice: _Carlitos, cómo estás, yo sabía que vendrías… ¡Pepe, dos cervecitas para Carlitos al toque! Y de pronto Carlos y aquel hombre se enfrascaron en una conversación con una familiaridad admirable. _Acá tengo reservado tu sitio, ven con tu amigo; después de ser presentados con él, que resulto ser el dueño del local me sentí derrotado al notar que la canción había terminado y el tubo quedaba desolado.

Carlos me tenía sorprendido, en menos de 10 minutos había saludado al dueño del local -que le regalo dos cervezas-, a tres mozos, a cuatro de chicas que se emocionaron sobremanera cuando lo vieron al punto de subir sus diminutas minifaldas y mostrar sus tangas, y por último a un tipo que estaba en la mesa contigua a nosotros, tratando de seducir a un travesti. En ese momento me di cuenta que Carlos era un verdadero putañero.

La mesa que nos albergaba se encontraba pegajosa y reluciente de colillas de cigarros, pero imagino que esto poco importa a las personas que acuden a estos lugares. Una luz morada y otra roja alumbraban el lugar, lo cual era gratificante para ocultar las identidades de los concurrentes, o comensales, ustedes decidan. La música era lo de menos; por momentos sonaban baladas en inglés y de repente la chicha se hacía presente.

Casi inmediatamente al sentarnos se acercó una mujer de cabello pelirrojo, falso como casi todo lo que había ahí, y se sentó en las piernas de Carlos _Hola Carlitos te extrañé mucho; luego jugueteó con el cabello ensortijado de mi amigo mientras parecía excitada por la esquelética figura que éste tenía. _¿Llamo a una amiga para tu amigo?, Carlos me miró y sonrió picarescamente y yo a través de una mirada de pánico trataba de rogarle que no lo hiciera, pero el asintió afirmativamente con la mujer de labios rojísimos y él pareció regocijarse en mi desesperación. Nunca había interactuado con una bailarina, no sabía que hacer y mucho menos que decir, pensé en huir pero recordé que solo contaba con un sol y por mi cabeza sólo apareció la frase “Gallina de mierda”.

En ese momento supe que sólo había una manera de enfrentar esa situación: emborracharme, así que empecé a beber como descocido mientras Carlos parecía haber descifrado mi solución y me llamaba a la calma y yo seguía pensando en lo hijo de puta que había sido conmigo. El sabía que a mí no me gustaba el Miami y la única razón por la cual fui ese noche es por que Daniela se había marchado del país sin despedirse de mí y odiándome por completo. De repente sentí una presencia a mi costado que colocó su putesca mano pintarrajeada sobre mis rodillas y me pregunto cómo me llamaba a lo que respondí “Jorge”; volteé para ver su rostro y esperar que no sea una mofletuda más. Mi sorpresa fue grande al ver que mi acompañante designada era la bailarina que vimos al subir, entonces el temor pareció hincharse en mi pecho dejándome sin respiración por unos segundos, ahora si me encontraba totalmente desconcertado sobre como proceder, pues la borrachera ya no daría resultado esto era algo más grande de lo que me esperaba. Estaba en frente de una bailarina a la que ya había visto semicalata y ahora debía entablar conversación con ella. _Me llamo Gladis, me dijo alegremente, lo cual empeoraba las cosas pues así se llama mi mamá. Entonces supe que tenía que emborracharme por que nada podía ser peor entonces.

Ella notó mi angustia y empezó a interrogarme sobre a qué me dedicaba, con quién vivía, qué música me gustaba y un sin fin de preguntas estúpidas todas para el momento. Hasta que al parecer se encontró con que ya no tenía más que preguntar y decidió hablarme sobre ella. Me dijo que le gustaba bailar y se esmeraba mucho preparando su coreografía, lo cual me pareció inútil pues sus espectadores solo comentan “qué rico culo”, “qué buenas tetas”, “esa chola está bien rica” y obviamente nunca hay un comentario como “la performance de esta bailarina me parece rotundamente extraordinario”; mientras tanto yo, me había encontrado envuelto en pensamientos sobre Daniela, una gran amiga que dejó de serlo al momento que se enteró lo que yo sentía por ella, que lo único que hizo fue no escucharme y juzgarme por haber traicionado su amistad enamorándome de ella y me sentenció al destierro de su vida; _En realidad mi verdadero nombre es Carla; escuché decir a mi acompañante y la miré consternado y antes que pudiera decir algo ella prosiguió y al mirarme me sonría al parecer reconfortada y muy cómoda, la imagen de mujer apabullante mostrado al comienzo de nuestro encuentro desapareció ahora se mostraba muy natural, alegre y alivianada. Me contó que empezó vendiendo los boletos en la puerta y luego le ofrecieron que bailara, por los dos hijos pequeños que tenía y su madre anciana que mantenía ella sola aceptó, pero éste era su trabajo de fines de semana durante las mañanas estudiaba para ser peluquera. Esa era Carla, Gladis sólo cobraba vida los fines de semana en Calloma mientras su madre cuidaba a sus nietos pensando que su hija era mesera en una discoteca. Tengo que confesar que al oír a esa mujer que me había contado su verdadera historia sólo pude pensar en lo trágica que era mi suerte pues hasta una puta con la que sólo había estado menos de media hora, y sin disfrutar de su trabajo, se había sincerado conmigo hasta el punto de derramar algunas lágrimas. Entonces la angustia, el temor y los nervios que sentí al saber que mi acompañante sería la despampanante bailarina que vi al entrar, se había convertido en rabia, frustración y descontento al ver que hasta una puta me confiaba sus verdades sin preguntarse si a mí me interesaba. Porque esa era mi suerte, una desgracia de las más desgraciadas.

En ese momento me di cuenta que Carlos no estaba ya en la mesa y al preguntarle Carla por él. Ella señaló un lugar oscuro, donde había un mueble que se podía ver en penumbras, y allí estaba Carlos sentado con el pantalón por las rodillas y la pelirroja de labios putones montado sobre él besándolo ansiosa y desesperadamente. Lo cual provocó que mis sentimientos se agrandaran. El hijo de puta Carlos tenía una mujer que se le enroscaba por el cuerpo y yo consolaba a una puta llorona.

Al terminar su violenta sesión amatoria mi amigo me hizo una señal para irnos, lo cual fue lo más gratificante de la noche para mí, al despedirme Carla –o Gladis si gustan- se despidió de mí con intempestivo beso, y en ese momento pensé _Daniela,¿ por qué no eres una puta?.

Al caminar por la Colmena, ya de mañana, rumbo a Tacna y aún pensando en lo que había pasado esa madrugada me di cuenta que nunca dejaría de ser “el gordito con cara de huevón”.

jueves 30 de julio de 2009

Sobre cuarto a solas...


La idea de cuarto a solas es confrontarnos con nuestro mundo a partir de la base 2, es decir los 20 años, todo esto a partir de mi propias experiencias así que a todas las personas que se vean identificadas, o mejor dicho retratadas en este blog solo les puedo decir lo siento, pero es realmente por ustedes quien me veo motivado a hacer esto, espero no me terminen odiando. Nos vemos pronto.